Preguntas Frecuentes

Con una prueba de audición puede comprobarse fácilmente si existe una pérdida auditiva. A partir de un determinado grado de sordera es recomendable utilizar un audifono para mantener la calidad de vida, el control y la seguridad en el día a día.

Los modernos audífonos de alta tecnología ofrecen amplias posibilidades para compensar una pérdida de audición.

Por lo general, la pérdida auditiva se produce en los dos oídos. Para mantener una capacidad auditiva óptima se recomienda utilizar un audífono tanto en el oído izquierdo como en el derecho. Esto permite una mejor localización de la dirección del sonido y facilita al cerebro el procesamiento de la información recibida.

El estudio específico de la audición, la audiometría, muestra en su gráfica las áreas de frecuencia y los grados de volumen en que nuestro oído puede captar sonidos y palabras.

Tras una audiometría el audioprotesista podrá editarle su curva auditiva personal, para que vea al instante lo que puede y no puede oir con normalidad.

Al principio no se suele percibir la pérdida de audición.

En lugar de ello, se suele subir el volumen de la televisión. Y quien no entiende a su interlocutor, le suele echar la culpa al otro. Se prefiere recurrir al clásico "habla más claro". En las primeras fases, muchas personas con problemas de audición no se dan cuenta de que el problema reside en sus oídos. Una razón es que, en la mayoría de los casos, la pérdida auditiva no afecta por igual a todas las frecuencias graves, medias y agudas, sino a determinadas áreas del espectro auditivo. A quien todavía puede oír perfectamente algunos sonidos. no se le pasa por la cabeza la posibilidad de una pérdida de audición. En este caso, la única opción de frenar la pérdida de oído latente es recurrir a un audifono a tiempo. Quien espera demasiado pierde tiempo valioso. Y es que poco a poco, las personas afectadas van perdiendo la capacidad de procesar el sonido en el cerebro.

Es completamente natural que el oido pierda capacidad a lo largo de la vida. Por lo general, la pérdida de capacidad auditiva se produce de forma paulatina. Llega un momento en el que podemos escuchar algo, pero no lo acabamos de entender bien. Una causa de ello suele ser la denominada presbiacusia o sordera ligada al envejecimiento. Ésta suele comenzar entre los 50 y 60 años y supone una pérdida auditiva progresiva y lenta de, por lo general, ambos oidos. Al principio empeora la capacidad auditiva de las frecuencias altas (por ejemplo, el canto de un gallo), y mas adelante, empeora la comprensión de las conversaciones, sobre todo cuando hay mucho ruido de fondo.

Asimismo, hoy en dia el oído se ve perjudicado por la denominada pérdida de audición inducida por el ruido. La disponibilidad de recepción del oído permanente es es útil en muchas situaciones de la vida, por ejemplo para que una madre se despierte al mínimo ruido producido por su hijo.

En muchas otras, sin embargo, puede ser molesta e incluso dañina.

La constante recepción de ruidos, desde la música hasta el ruido del tráfico, es uno de los factores principales que afecta y daña nuestra capacidad auditiva de forma progresiva. Debido a esta sobrecarga acústica permanente, nuestra capacidad auditiva se ve fuertemente afectada y el oido interno dañado.

Nuestro pabellón auricular recibe los sonidos del exterior en forma de ondas sonoras. Desde allí las ondas se canalizan a través del conducto auditivo hacia la membrana del tímpano como por un embudo.

Gracias a esta membrana, el sonido se transmite a los huesecillos situados en el oído medio y desde allí, al oído interno. Por su forma los huesecillos del oído se denominan martillo, yunque y estribo. En el oido interno que por su forma espiral recibe el nombre de caracol, las células ciliadas convierten las vibraciones del sonido en impulsos eléctricos.

El nervio auditivo envía los impulsos al cerebro, que identifica finalmente los sonidos como, por ejemplo, palabras, música, el canto del teléfono.